Lesión de los músculos isquiotibiales (de la corva)

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Los músculos isquiotibiales, popularmente conocidos como tendones de la corva, se encuentran ubicados en la región posterior del muslo, e incluyen al:

  • Semitendinoso
  • Semimebranoso
  • Bíceps femoral

Mecanismos de lesión

La lesión de los músculos isquiotibiales (de la corva), son frecuentes en actividades deportivas donde el mecanismo de aceleración es utilizado para completar alguna parte de la actividad deportiva (sprint, carrera, etc.), es por eso que este mecanismo de lesión ha sido nombrada como lesión de corredores de velocidad. En el fútbol, este tipo de lesiones representa el 13 a 17% de las lesiones agudas.

Otro mecanismo por el que pueden ocurrir estas lesiones es por estiramiento excesivo y súbito como puede ocurrir al realizar un split hacia delante (bailadoras de ballet, principalmente); patear un balón en alto, o realizar una “barrida”, en fútbol. Este tipo de lesiones por estiramiento requieren de un periodo de recuperación más prolongada.

Si el deportista después de sufrir la lesión es capaz de reincorporarse, se traduce como una lesión de menor importancia, sin embargo, si no es capaz de caminar de forma normal después de 24 Hrs, significa que la lesión ha sido de gravedad. Es común que la lesión de los músculos isquiotibiales (de la corva), ocurran al final de temporada, juego o carrera, ya que es cuando hay una mayor fatiga muscular, o bien, durante la pretemporada, que es cuando la fuerza muscular no está en niveles óptimos.

Factores de riesgo:

  • Calentamiento inadecuado
  • Falta de flexibilidad en las piernas
  • Falta de fuerza del “core” (músculo transverso abdominal, principalmente)
  • Debilidad muscular
  • Cansancio o fatiga
  • Deshidratación
  • Antecedente de lesión previa en los músculos isquiotibiales.

Diagnóstico

El diagnóstico de una lesión de los músculos isquiotibiales (de la corva) es clínico, aunque en algunas ocasiones la utilización de ultrasonido o resonancia magnética pueden ayudar a confirmar el diagnóstico. Las radiografías no son útiles para ayudar en el diagnóstico, al menos que se sospeche de alguna fractura en el sitio de inserción muscular, sobre todo en deportistas musculo-esqueléticamente inmaduros (niños y adolescentes). El ultrasonido, es muy económico, pero es operador dependiente y no es valorable en las primeras 48 Hrs posterior a la lesión. La resonancia magnética, es costosa, sin embargo, es más precisa en la detección de lesiones musculares profundas, valorando la extensión de esta lesión por lo que si la lesión es de gran extensión, significará que el tiempo de recuperación será más prolongado, a comparación de una lesión de menor extensión.

Tratamiento

El tratamiento depende de la ubicación y magnitud de la lesión, pero principalmente va encaminado y enfocado a la rehabilitación incluyendo las siguientes fases:

  1. Fase 1 o fase aguda: su objetivo principal es disminuir el dolor al movilizar la pierna mediante reposo, fisioterapia y en algunas ocasiones, vendajes compresivos. Dar masaje a esta zona está contraindicado en esta etapa de tratamiento.
  2. Fase 2 o subaguda: está encaminada a realizar ejercicios que remuevan el tejido sangrante y prevenir la formación de tejido de cicatriz en el área lesionada. En esta fase ya se pueden utilizar masajes dirigidos así como electroterapia. Los ejercicios incluyen estiramientos, fortalecimiento, estabilidad del “core” (músculo transverso abdominal, principalmente), y ejercicios funcionales. En general, varias repeticiones con baja carga son útiles en esta fase. Mientras la carga se va aumentando gradualmente, el número de repeticiones se disminuye. Los ejercicios en alberca o uso de bicicleta estacionaria son una manera eficiente de mejorar la movilidad.
  3. Fase 3 o funcional: está encaminada al desarrollo de fuerza muscular, mejorar la estabilidad del “core” e incluir actividades propias de la actividad deportiva.

Lo que NO debe usarse como tratamiento:

El uso de antiinflamatorios no esteroideos (diclofenaco, naproxeno, ibuprofeno, celecoxib, etc.), aunque ayudan a disminuir el dolor, tienen efectos adversos en la regeneración de las fibras musculares así como en el aumento de formación de tejido de cicatriz. Su uso actualmente es controversial.
Las inyecciones con esteroide están contraindicadas ya que aunque proveen una disminución del dolor más rápida, hacen al deportista más susceptible a volverse a lesionar en un futuro.
El uso de plasma rico en plaquetas, concentrados celulares, etc. en este tipo de lesiones, tienen como teoría regenerar el músculo, sin embargo, hasta la fecha no existe evidencia de relevancia científica que sustente su uso en deportistas

Es importante mencionar que NO existe algún tratamiento que acelere el proceso biológico de curación para reincorporarse lo más pronto a la actividad deportiva. El protocolo de rehabilitación requiere paciencia y disciplina para ser completado. Como ya se mencionó, el único factor que determina, qué lesiones curan más pronto que otras, es la extensión de la misma, siendo valorada únicamente por resonancia magnética. Una vez completado el protocolo de rehabilitación en sus 3 fases, la decisión para reincorporarse a la actividad deportiva estará basada en la capacidad de realizar la fase funcional sin dolor

Tratamiento quirúrgico

El tratamiento quirúrgico raramente está indicado. Se cree que la cirugía, seguida de un protocolo de rehabilitación estará indicada en pacientes con síntomas crónicos (más de 4 a 6 meses). La cirugía de primera intención está indicada cuando dos de los tres músculos isquiotibiales están separados de su inserción muscular, así como retraídos más de 2 cm, o bien, cuando los tres músculos están involucrados en la lesión.

La prevención de este tipo de lesiones es lo más importante y dentro de ésta, se incluyen los ejercicios de estiramiento, fortalecimiento excéntrico (curl nórdico) y la estabilidad del “core”.

Bibliografía

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