Fracturas por estrés

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El hueso es considerado un tejido dinámico ya que constantemente se encuentra en remodelación y reparación llevado acabo por dos tipos de células óseas (osteoblastos y osteoclastos).

El apoyo y peso de nuestro cuerpo así como la acción muscular en el hueso causa fuerzas de tensión y compresión en los huesos, las cuales pueden resultar en microdaños en la arquitectura ósea, los cuales son reparados por las propias células óseas. Esta unidad reparadora está bajo la influencia hormonal.

Causas

Las fracturas por estrés son el resultado de cargas repetitivas y recurrentes, causando microdaños al hueso a un ritmo mas rápido que el de remodelación. Las fracturas por estrés son el resultado de:

  1. Un aumento en la carga (peso) aplicada o en la cantidad de estrés aplicado;
  2. Tiempo de recuperación inadecuado entre sesiones de entrenamiento;
  3. Aplicación de cargas normales en huesos debilitados, como ocurre en osteoporosis.

Factores de riesgo

Debido a que las fracturas por estrés son el resultado de cargas repetidas, el tipo de entrenamiento es importante, ya que la cantidad, intensidad y superficie donde se realizan pueden ser factores de riesgo.

Otros factores de riesgo pueden ser:

  • Ingesta calórica inadecuada o de calcio.
  • En mujeres, factores hormonales como alteraciones en los ciclos menstruales.
  • En hombres, disminución de la testosterona.
  • Osteoporosis, disminución de la densidad ósea.
  • Debilidad muscular
  • Discrepancia en longitud de piernas.

Los factores de riesgo se pueden dividir en factores intrínsecos y extrínsecos:

Factores intrínsecos (factores que no se pueden modificar):

  • Género: las mujeres tienen mayor riesgo de padecer este tipo de fracturas.
  • Hormonales: las mujeres jóvenes deportistas que presentan ausencia de menstruación regular, presentan compromiso de su masa ósea, por lo que están en riesgo de padecer fracturas por estrés, o bien, osteoporosis en la etapa adulta. Las mujeres con alteraciones menstruales como resultado de niveles bajos de estrógeno, son 2 a 4 veces más propensas a padecer fracturas por estrés, que las mujeres deportistas con ciclos menstruales normales
  • Densidad ósea: Una disminución en la densidad ósea puede contribuir al desarrollo de fracturas por estrés debido a la reducción en la fuerza del hueso y acumulación de microdaños con cargas repetitivas. La flexibilidad muscular y el rango de movilidad tienen influencia directa en el riesgo de padecer fracturas por estrés, alterando las fuerzas en el hueso. Esto quiere decir que un arco de movilidad disminuido por falta de flexibilidad aumenta el estrés en el hueso, alterando las fuerzas aplicadas a este.
  • Hábitos alimenticios: Los deportistas con malos hábitos alimenticios, sobre todo los de tipo restrictivo, tienen más riesgo de tener disminución en su densidad ósea y por tanto de padecer fracturas por estrés. Las mujeres que han estado sin periodo menstrual por más de 6 meses tienen más riesgo. Los deportistas con niveles bajos de vitamina D padecerán malabsorción del calcio.

Factores extrínsecos (pueden ser modificados)

  • Tipo de entrenamiento: esto incluye cualquier aumento en la intensidad, duración de las sesiones o un aumento en la frecuencia de entrenamiento, podrá modificar la magnitud de estrés hacia el hueso, como ocurre en los periodos de pretemporada.
  • Factores mecánicos: Las superficies duras (concreto, pavimento) aumentan las cargas hacia el hueso. El reciente cambio en el calzado deportivo así como de plantillas pueden afectar.
  • Edad: Los extremos en edad están en riesgo, es decir los mayores de 60 años, por osteoporosis o disminución en la mineralización ósea, así como los niños y adolescentes, quienes aún no logran su pico de densidad ósea.
  • Antecedente de fractura por estrés: Sin importar la ubicación donde se presentó, este antecedente por sí solo es un factor de riesgo importante para futuras fracturas por estrés.

Las áreas más comunes donde se presentan este tipo de lesiones en futbolistas se representan en la siguiente imagen

Síntomas

Comúnmente los pacientes refieren un inicio del dolor asociado con las actividades y cargas repetitivas, sin referir un traumatismo reciente en el área afectada. Por lo general, el dolor se quita con el reposo, pero se presentan nuevamente cuando el paciente vuelve a su actividad deportiva.

El dolor es localizado en un punto en específico y el dolor aumenta a la palpación de dicha zona.

Diagnóstico

El método de imagen es importante para complementar la sospecha clínica. Los estudios de imagen a solicitar pueden incluir uno o varios estudios, entre ellos: radiografías, tomografía, resonancia magnética, densitometría ósea y gammagrafía ósea.

Tratamiento

La clave del tratamiento exitoso se basa en el periodo de disminución de carga, sin esto significar no cargar peso o caminar, aunque en algunos casos de fracturas por estrés de alto riesgo podría ser apropiado el reposo.

El tratamiento para cada fractura por estrés deberá individualizarse y decidir si la inmovilización será el tratamiento adecuado o si realizar algún tipo de intervención quirúrgica será lo ideal.

La disminución de carga se refiere a un tipo de entrenamiento supervisado por un médico rehabilitador así como del deporte, para reintegrarlo de la manera adecuada a su actividad deportiva, una vez que la fase de reparación ósea ha ocurrido. Este tipo de entrenamiento va encaminado a actividad cardiovascular, estiramientos, propiocepción y fortalecimiento muscular.

Fracturas por estrés de alto riesgo:

Son aquellas que se encuentran más susceptibles de no pegar o consolidar y que a su vez pueden progresar a ser fracturas completas. Este tipo de fracturas incluyen al astrágalo, base del quinto metatarsiano, vértebras, tibia anterior, cuello femoral y maléolo medial

Prevención

Las fracturas por estrés pueden prevenirse mediante la disminución de los factores de riesgo modificables (extrínsecos), especialmente aquellos que involucran los asuntos nutricionales, hormonales, uso de calzado, tipo de superficie de entrenamiento.

Un aumento gradual en la carga y niveles de actividad deberá seguirse para permitir la adaptación. Se sugiere aumentar el 10% de la carga por semana.

Los deportistas deberán ser monitoreados ante cualquier caso de dolor y fatiga para descartar cualquier fractura por estrés. Un diagnóstico temprano evitará la ausencia de la actividad deportiva por periodos prolongados, principalmente en las zonas de alto riesgo.

Bibliografía

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